Cuando empezó a llover, el humor de María cambió por completo. Su sonrisa, que tenía la virtud de curar incluso la más oscura de las almas, desapareció sin dejar rastro cuando la primera gota de agua golpeó contra el suelo. Su alegre mirar se tornó en un instante triste y melancólico, y su caminar, inestable.
Al principio no me di cuenta, aunque me extrañó sobremanera su comportamiento de pronto esquivo. Pero un momento después, comprendí su pesar; y es que aquel chaparrón inesperado despertaba en ella sentimientos de angustia y horror, abriendo heridas que nunca llegaron a curarse.
Recordé como el día en que la conocí me advirtieron de su extraño comportamiento ante la lluvia. En aquel momento no le di importancia porque, la verdad, aquí nunca llueve. Estaba decidido a ayudarla, así que, alargué el brazo y la tomé de la mano. Sonriendo, la animé a seguirme. Estaba seguro de poder curarla, y solo se me ocurría una manera de lograrlo. Y así fue.
Le dije que cerrara los ojos y, tarareando su canción predilecta, comencé a bailar, arrastrándola conmigo. La lluvia arreció, y pronto ambos estábamos completamente empapados. Pero eso no me hizo detenerme: no pararía hasta que ella se curase.
Nunca olvidaré el momento en el que ella abrió los ojos y me miró fijamente, pues fue allí cuando todo cambió: las nubes que poco antes habían cubierto sus preciosos ojos azules, desaparecieron como por encanto. Su sonrisa afloró de nuevo en todo su esplendor, y su risa, dulce y sincera, llenó el ambiente con su cantar. Y yo, extasiado ante tanta belleza, sentí mi corazón saltar de alegría.
Bailamos la misma canción durante horas, sin dejar de reír. Y, cuando al fin dejó de llover, y nuestros pasos se detuvieron, María alzó la mirada hacia mí. Nuestros ojos se encontraron, y en ese mismo instante, descubrí que la amaba. Que la amaba entonces y que la amaría siempre. Ella también debió pensarlo, porque se ruborizó al instante.
No hubo necesidad de palabras. Nuestros corazones ya habían hablado y cantaban ahora la misma canción. Y, en ese momento, ambos supimos que la lluvia nunca volvería a ser igual.
Fran lo has escrito tu? me ha gustado :)
ResponderEliminarLo he escrito yo, si! Me alegro de que te guste!! ;)
ResponderEliminarEs verídico lo que has escrito? Es precioso! Por lo que veo esa chica debe ser un encanto! Grande Fran! Sigue así!
ResponderEliminar