lunes, 7 de noviembre de 2011

Lluvia de domingo

Cuando empezó a llover, el humor de María cambió por completo. Su sonrisa, que tenía la virtud de curar incluso la más oscura de las almas, desapareció sin dejar rastro cuando la primera gota de agua golpeó contra el suelo. Su alegre mirar se tornó en un instante triste y melancólico, y su caminar, inestable.

Al principio no me di cuenta, aunque me extrañó sobremanera su comportamiento de pronto esquivo. Pero un momento después, comprendí su pesar; y es que aquel chaparrón inesperado despertaba en ella sentimientos de angustia y horror, abriendo heridas que nunca llegaron a curarse.

Recordé como el día en que la conocí me advirtieron de su extraño comportamiento ante la lluvia. En aquel momento no le di importancia porque, la verdad, aquí nunca llueve. Estaba decidido a ayudarla, así que, alargué el brazo y la tomé de la mano. Sonriendo, la animé a seguirme. Estaba seguro de poder curarla, y solo se me ocurría una manera de lograrlo. Y así fue.

Le dije que cerrara los ojos y, tarareando su canción predilecta, comencé a bailar, arrastrándola conmigo. La lluvia arreció, y pronto ambos estábamos completamente empapados. Pero eso no me hizo detenerme: no pararía hasta que ella se curase.

Nunca olvidaré el momento en el que ella abrió los ojos y me miró fijamente, pues fue allí cuando todo cambió: las nubes que poco antes habían cubierto sus preciosos ojos azules, desaparecieron como por encanto. Su sonrisa afloró de nuevo en todo su esplendor, y su risa, dulce y sincera, llenó el ambiente con su cantar. Y yo, extasiado ante tanta belleza, sentí mi corazón saltar de alegría.

Bailamos la misma canción durante horas, sin dejar de reír. Y, cuando al fin dejó de llover, y nuestros pasos se detuvieron, María alzó la mirada hacia mí. Nuestros ojos se encontraron, y en ese mismo instante, descubrí que la amaba. Que la amaba entonces y que la amaría siempre. Ella también debió pensarlo, porque se ruborizó al instante.

No hubo necesidad de palabras. Nuestros corazones ya habían hablado y cantaban ahora la misma canción. Y, en ese momento, ambos supimos que la lluvia nunca volvería a ser igual.

martes, 25 de octubre de 2011

Esperando a mamá

El viento agita con fuerza las ramas de los árboles, mientras la noche tiende presurosa su velo sobre la ciudad. Las farolas comienzan a prender sus luceros y las carreteras se llenan de un desfile rojiblanco. Los transeúntes van disminuyendo, las calles cayendo en el silencio. Y ante ello, solo un niño permanece inalterable. Sentado en su banco, como cada lunes, como cada martes... 

Enfundado en su trenca gris, observa en silencio el decreciente bullir de la vida en la cuidad. Las madres llaman a sus hijos a cenar y los padres regresan a sus casas tras un largo día de trabajo. La alegría de la Navidad emana de los hogares de la ahora desierta calle, más su sonrisa seguirá triste y cansado su mirar. Pues otra noche acaba, otro día en soledad, otro mes en el olvido, otro año que se va, otro invierno sin hogar.

Y una vez más el día murió y una vez más la noche lo envolvió. Una vez más el viento aúlla, una vez más la farola brilla. Mas el niño allí estará, incansable, inmutable, esperando el día que llegará, el día en que todo cambiará, el día en que su madre volverá, el día en que él también tendrá Navidad.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El poder de una sonrisa

Érase una vez un otoño gris en un mundo sin color. Érase una vez una primavera sin flores, un invierno sin Navidad. Érase una vez un colegio sin recreo, un niño sin sonrisa, una canción sin melodía. Érase un libro sin letras, una película sin actores, un parque sin columpios, un cuadro sin color y el campo sin flores. Érase una vez un mundo apagado, un mundo muerto... un mundo triste.

Y sucedió que nació un hombre, y con él, una sonrisa. Y con la sonrisa, llegó el reír. Y con el reír, el llanto. Y el llanto llevó al abrazo, y el abrazo al primer beso. El primer beso trajo el amor, y el amor unió dos rostros que, a su vez, alumbraron a un tercero. Y los colegios tuvieron recreo, los parques columpios y el invierno, Navidad. La música tuvo melodía, los cuadros color, los libros letras y el campo, flores.

Y cuando la primera sonrisa murió, dejó a otras muchas detrás de ella. Y cuando estas murieron, aún más las reemplazaron. Y el mundo se fue inundando de sonrisas, y las sonrisas trajeron amor, y el amor trajo vida, y la vida... el mundo.

martes, 6 de septiembre de 2011

De vuelta a la normalidad

Seis de septiembre, cuarto día de clase. Los bañadores se empolvan ya en los cajones, a la espera del próximo verano, mientras los estuches y las carpetas son desenterrados del fondo del cajón. Tras unos primeros días de mucho trajín, la locura de la vuelta a la universidad ya se estabiliza y la rutina asoma la patita por debajo de la puerta. Más clases, más exámenes y más paraguas. Todo sigue igual... ¿O tal vez no?

San Sebastián amanece bañado en una luz brillante, y el mar sorprende con colores y matices nunca vistos. Las calles renuevan su encanto día a día, hora a hora, minuto a minuto. Algunas caras nuevas; otras que ya no verás más. Nuevos propósitos, risas, llantos, ratos de charla a hurtadillas en las salas de estudio. Viajes, convivencias y excursiones. Charlas, conferencias y conciertos. Tertulias y discusiones. Todo es igual, pero nada es lo mismo.

Un nuevo curso está comenzando... ¡Diario de abordo vuelve a la acción!

lunes, 8 de agosto de 2011

Tela y cabo, madera y clavo

Tela y cabo, madera y clavo. El timón como extensión de su brazo, las velas como expresión de su voluntad. El rumbo, su deseo que sobrevive, el viento, un heraldo que anuncia su llegada.

Un hombre se yergue orgulloso, melena al viento, sobre la frágil embarcación, trono para el rey que someterá al mismísimo Poseidón. No cabe el error, no existe la duda. El triunfo es inevitable, la conquista, definitiva. Su mirada está fija en el horizonte; su rostro, reflejo de la calma de su espíritu, no teme al mar enfurecido.

El viento aúlla, frustrado por su derrota. Sus gritos ensordecedores llenan el ambiente, en un último y desesperado intento por amedrentar al osado marinero. Mas la derrota es ya segura, y la voz del pirata se alza sobre las nubes, entonando para su deleite la canción de su victoria.

domingo, 17 de julio de 2011

Juego de nubes

Un avión, una tortuga, un bebé y hasta un león. Un vaso, un teléfono, una mesa e, incluso, un sillón. Una mano, un corazón, o puede que un cigarrillo. O mejor, un cenicero. ¿O tal vez un jarrón? Y es que las nubes cambian su forma tan pronto el hombre cambia sus sueños.

Una colina se alza, hermosa, a las afueras de la ciudad, coronada -quién sabe- por un almendro en flor que regala al mundo su pálida belleza. A sus pies, un mantel a cuadros rojos y blancos, un canasto de mimbre, una pareja enamorada. El cielo, pintado de un azul inmaculado, se salpica de todo tipo de formas, mientras ella ríe la osadía de una o dos de las blancas mensajeras.

Él la mira con cariño, ella la mirada devuelve y una nube juguetona, que observa atenta la escena, decide cambiar su forma. Y es que el amor, como las nubes, como los sueños, cambiar de aspecto puede. Y si el amor es nube y la nube sueño, el amor es sueño del que el corazón vive. Y será distinto según el alma que lo mire, pues el sueño, como la nube, del alma del hombre vive.

viernes, 1 de julio de 2011

Dos amigas; un tesoro

Una sonrisa, un gesto. Una mirada cómplice, un guiño de confianza o una palabra de ánimo en el momento oportuno. Y es que con ellas dos a tu lado, todo es posible. Destino, cosmos... Llamadlo como queráis. Yo prefiero pensar que fue Dios quien las puso en mi camino.

Y es que aparecieron cuando más las necesitaba y su amistad pudo con todo lo demás. Y desde entonces, han estado siempre conmigo, a mi lado. Ni siquiera recuerdo como comenzó todo, ni falta que hace. Y sé que no miento si digo que son las dos mejores amigas que nadie podía desear.

Dos chicas, dos compañeras... Pero el tiempo las convirtió en algo mucho más importante, en algo imprescindible. Y ahora que el curso ha terminado, ahora que el verano separa nuestros caminos por unos meses, no puedo evitar recordar tantos buenos momentos juntos. Diez meses dan para mucho.

Gracias por todo. Gracias, y perdón por si alguna vez os he fallado. ¡Os voy a echar de menos! Disfrutad mucho del verano y descansad, porque el año que viene, ¡será digno de contarse!

martes, 28 de junio de 2011

Música

El maestro observa atentamente a sus discípulos. Mientras ellos afinan sus instrumentos, por su cabeza pasan recuerdos de los últimos años juntos: las largas noches de trabajo, las millones de partituras escritas y desechadas, el momento en que dieron con la melodía perfecta... Han pasado por mucho para llegar hasta allí, y él mismo es testigo de que están preparados para el reto.

Con deliberada lentitud, marcando cada movimiento, el viejo director alza la batuta. Es el momento, la hora ha llegado. Se acabaron los preparativos, y el mundo entero parece contener la respiración. Los relojes se paran, el tiempo no existe. Sola música importa ahora.

Entonces, con el primer movimiento de batuta la magia se desata. La música fluye desde los corazones de los músicos hacia sus instrumentos, y de estos hacia un público que, ensimismado, apenas puede respirar de la emoción. Una melodía que paralizaría al mismísimo flautista, inunda la sala, desbordándola.

El maestro, de pie en su estrado, cierra los ojos, emocionado, mientras dirige a sus discípulos. Tal es su poder que basta un movimiento de su mano para despertar la alegría, la tristeza o la melancolía en las almas de los que le escuchan. Puede acelerar el tiempo, ralentizarlo, provocar calidez, miedo, amor u odio. Nadie se resiste. El sonido es demasiado bello, demasiado perfecto, como para no desear oír más. Y él, consciente de su posición, decide ejecutar el movimiento definitivo. El final perfecto. Sus brazos se elevan por encima de su cabeza, con una silenciosa orden. Sus discípulos, detienen la música al instante. Un segundo, dos. La tensión se palpa en el ambiente, mientras una sonrisa aflora en el rostro del genio. Perfecto.

Sus manos ejecutan un complejo giro y, cuando caen al suelo, la música regresa, más fuerte que nunca, para afrontar los últimos compases con una decisión inusitada. Y el final llega, y con él, el éxito más absoluto. El público, extasiado, aplaude en pie al maestro que, humilde, se inclina ante ellos. Su última actuación. Y en ella, su recuerdo perdurará por siempre, encerrado entre aquellos bellos acordes que el mundo no olvidará jamás.

sábado, 18 de junio de 2011

Ave Fénix

El guerrero observa atentamente a su alrededor. No tiene miedo. Simplemente es más consciente de lo que le rodea: el familiar peso de la espada en sus manos, la aspereza del terreno en sus pies descalzos, el viciado aire que respira y sudor que perla su frente.

Solo hay una oportunidad, no existe margen para el error. Una sonrisa aflora en su rostro ensangrentado, pues esa oportunidad es todo lo que precisa. Para ello ha sido entrenado. Su pulso es ahora firme. Sus ojos no reflejan duda alguna.

Despacio, el guerrero avanza hacia su enemigo, la espada girando en círculos por un hábil movimiento de su muñeca. Con cada paso, la velocidad aumenta y la distancia que los separa disminuye. Apenas unos metros le separan ya de su objetivo.

Con un rugido, el guerrero se abalanza sobre su enemigo. La espada en alto, el cuerpo erguido. Los aceros chocan con un estruendo nunca antes conocido. La fuerza del golpe hace flaquear a su contrincante, que retrocede unos pasos, presa del pánico. El tiempo fluye lentamente mientras sus miradas se cruzan. En una miedo; en la otra, fría calma. En la una, debilidad; en la otra, poder liberado.

Dos golpes bastan para que una espada vuele por los aires. El guerrero, en pie ante su enemigo, apunta con su arma directamente a la garganta del caído. No hay lugar para la piedad, no cabe la misericordia. Con un silbido, la espada corta el aire y arrebata la vida del vencido.

Está hecho. Venganza consumada, honor recuperado. Aquel niño, que por salvar a su héroe halló la muerte, no ha caído en vano, pues el mal ha perdido, y el bien se alza de nuevo de entre sus cenizas, fuerzas renovadas, para no volver a arder jamás.

miércoles, 15 de junio de 2011

viernes, 10 de junio de 2011

Caer para volver a levantarse

Exhausto por el esfuerzo, el guerrero hinca en el suelo sus rodillas. La vista se nubla y la cabeza le da vueltas. La espada, teñida en rojo por la sangre de los enemigos derrotados, cae al suelo con estrépito. El fin está cerca. La derrota es inminente.

A su alrededor, la tierra que había jurado proteger se rompe en mil pedazos. Las hordas enemigas destruyen todo a su paso, acabando con todo atisbo de vida. El fuego consume la que otrora fuera una poderosa y floreciente civilización. Apenas le quedan fuerzas para quitarse el asfixiante yelmo, que repiquetea contra el suelo al caer. 

De pronto, los ojos del guerrero contemplan a un niño, que corre, espada en mano, hacia su oponente, dispuesto a matar a aquél que había osado derrotar a su héroe. Su enemigo sonríe y empuña su arma. El golpe es rápido y certero. Un único movimiento de su espada basta para acabar con la vida del niño. Su sonrisa de desprecio se torna súbitamente en risa. Ha vencido y lo sabe. Lentamente, el conquistador avanza hacia el indefenso guerrero, listo para rematar el trabajo. 

Mas, algo imprevisto sucede, pues, con un último y hercúleo esfuerzo, el valiente guerrero se alza de nuevo de entre los escombros. Sus manos empuñan firmemente su espada, que vuelve a refulgir, presta para la batalla. Sus ojos denotan la furia que invade su cuerpo y su mente. La pelea aún no ha terminado. Con un rugido, el guerrero se abalanza sobre su enemigo. Aún queda una esperanza. Y de la fuerza de su brazo y la solidez de su espada dependen el cumplirla.

martes, 7 de junio de 2011

Vivir para soñar; soñar para vivir

Hoy, un día cualquiera de una época cualquiera, en un lugar indiferente, un hombre sin rostro coge la pluma para hablar de aquello por lo que somos capaces de luchar y morir, de aquello por lo que somos capaces de sonreír, amar, llorar y sufrir. Y por eso, hoy voy a hablar de sueños.

Hubo una vez en que un hombre soñó, y de su sueño nació Roma. Hubo una vez en que un hombre soñó, y de su sueño nació la medicina. Y del sueño de un tercero se inventó el avión, y del de un cuarto, se conquistó la  Luna. Y así, sueño a sueño, nuestros padres fueron construyendo el mundo que hoy nosotros habitamos.

La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida merezca la pena, decía Paulo Coelho. Y es que, sin sueños, la esperanza en el mañana, que es el motor que mueve al mundo, se precipita hacia el vacío, condenada para siempre a un exilio sin retorno. Y un mundo sin esperanza es como un pájaro bajo el agua, que muere ahogado sin remedio.

Mas, al igual que el pájaro que se ahoga puede de su azul prisión por un hombre ser rescatado, el mundo siempre puede tener salvación. Y lo único capaz de curar a un mundo sin esperanza es el sueño de otro hombre, un sueño que nace en un día cualquiera, en una época cualquiera y en un lugar indiferente.

domingo, 5 de junio de 2011

Acorralado

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la cantidad de líos en que nos metemos por esas pequeñas mentirijillas, tan habituales en nuestra vida diaria?

Lo cierto es que todos hemos mentido en alguna que otra situación, y todos sabemos como empieza... y como acaba. Aún y todo, lo más curioso es que la mentira siempre parece ser la opción más fácil, la que de más problemas nos va a quitar, cuando la realidad es que, al final, termina siendo todo lo contrario, y la situación resulta peor que si hubiéramos dicho la verdad desde un principio.

Pensadlo: al inicio, todo es muy sencillo: basta con sonreír y ser natural. Todo encaja, no hay cabos sueltos. Nada puede salirme mal. Pero, con el tiempo, las situaciones incómodas se van sucediendo cada vez con mayor frecuencia, y hay que cubrir la mentira original con otras, para así evitar que nos pillen.

¿Reconocéis ese horrible nudo en el estómago? ¿Esa constante preocupación? ¿Ese sentimiento de que siempre hay algo que va mal? La mentira se torna tan compleja, que comenzamos a dormir mal por las noches y a no rendir en el estudio o el trabajo. Mas pronto acontece el final ineludible, el trágico destino de todo mentiroso: te atraparon, y además de la manera más tonta.

Pensad entonces en la sensación de paz que experimentamos en ese instante... En esa sensación que permanece, independientemente de las duras consecuencias que traiga consigo el total esclarecimiento de la situación. Y ahora, amigos, decidme: ¿realmente merece la pena?

jueves, 2 de junio de 2011

Back to the beginning

Hoy, mi hermana menor ha terminado el colegio definitivamente. Y, mientras me lo contaba, no he podido evitar acordarme del que fue mi último día entre aquella queridas cuatro paredes de ladrillo rojo.

Estaba emocionado, ni os imagináis cuanto. Aunque aún tuviéramos por delante la Selectividad y tres meses de verano, aquel día era un punto de inflexión. Acababa una etapa, comenzaba otra. Recuerdo que me detuve, ante la puerta de salida, mochila al hombro. Solo faltaba uno... Un paso más y habría terminado el bachillerato definitivamente. Lo había conseguido.

Ese día, me prometí a mismo que no fracasaría, que esa nueva vida iba a ser perfecta. Estaba convencido de poder demostrar a todos que realmente se podía confiar en mi. Estaba seguro de que volvería victorioso, sonriente, con la cabeza alta.

Tampoco es que haya pasado mucho tiempo desde aquello. Dos años, nada más. Dos años de estudio, exámenes, risas y llantos, alegrías y decepciones. Pero, algo fallaba. Y es que el hecho de ser universitario no te convierte mágicamente en hombre, sino que eso es algo que hay que ganarse todos los días con trabajo duro. Tal vez ese sea el fallo.

Por eso, hoy es el día en el que voy a hacer que se cumpla mi promesa. Es posible que estas líneas no sirvan para nada. Tal vez incluso nunca debieron haber sido escritas. O tal vez... y sólo tal vez, si. Y es de esta pequeña -minúscula- posibilidad, de la que quiero fiarme. Porque si tú no crees en ti mismo... ¿quién lo hará por ti?

martes, 31 de mayo de 2011

"Extra"ordinary everyday superhero

La verdad es que la frase es parte de la letra de una de mis canciones favoritas. Aunque, bueno, no exactamente, ya que me he tomado la libertad de añadir el prefijo extra a la primera palabra (confío en que los fans de Smash Mouth podáis perdonarme...).

Lo cierto es que todos hemos soñado alguna vez con parecernos a nuestro superhéroe favorito, ya fuera éste Superman, Batman, Spiderman o, no se, Robin Hood. El caso es que todos tenían algo que nosotros deseábamos, algo que les hacía especiales, distintos de todos los demás. Mas el tiempo de soñar con volar y trepar paredes acabó rápido, y nuestras figuritas de acción pasaron a engrosar las polvorientas filas del ejército de juguetes desterrados al desván.

Pues bien, hoy estoy aquí para deciros que esos sueños nunca debieron irse, porque lo cierto es que el mundo necesita superhéroes, y los necesita con urgencia. Pero no de esos que se ponen trajes brillantes y van por ahí salvando damiselas en apuros. No, lo que necesitamos son héroes que madruguen, héroes que no se quejen, que trabajen duro y sonrían sin cesar. Héroes cuyo disfraz sea la corbata, el mono azul de la obra o el delantal de la cocina.

Estos -los más auténticos- son los héroes que precisamos. Pero os diré algo: no hay tan pocos como creéis. Y si nosotros volvemos a soñar... creedme, pronto habrá muchos más.

lunes, 30 de mayo de 2011

One day left

Quisiera ser capaz de dedicarte el texto más bello jamás escrito. Quisiera poder plasmar lo que por mi cabeza fluye, lo que mi corazón siente, lo que mi boca habla y mis sentidos destilan. Mas resulta que mi pluma solo a estas pobres líneas alcanza.

Decían los Antiguos que la luna es el lecho de aquellos que se aman en la distancia, y ahora, cada vez que en la oscuridad de la noche alzo los ojos al cielo, siento que puedo ver tu reflejo en su brillar y, al pensar que pueden así nuestros ojos cruzarse, el corazón parece querer salírseme del pecho.

En la soledad de mi destierro, miro al cielo en busca de una respuesta; ¿será este, al fin, el día? Y cuando el sol de nuevo se oculta y la luna otra vez brilla, a ella acudo en busca de consuelo. Y es entonces cuando mi alma sonríe tranquila: ya llega, tranquilo, ya llega.

domingo, 29 de mayo de 2011

Un lugar al que regresar

Decía D. Vito Corleone con gran acierto: "Escuchad queridos: lo más importante para un hombre inteligente es, y ha de ser, la familia", y añadía, con gesto severo: "hay que cuidar de la familia." (Para no perder el hilo, omitiremos lo que decía a continuación, aquello de "haced que parezca un accidente"...)

A todo aquel que me habla del "anticuado concepto de familia", me gustaría traerlo a mi casa un día cualquiera, para mostrarle como ese concepto -para él retrógrado- es, parafraseando a "el padrino", lo más importante y maravilloso que un hombre puede tener.

Una vez, no hace demasiado tiempo, escuché a un hombre sabio decir que  "el hogar es aquel lugar al que siempre puedes regresar". Pues bien: para mí -y para cualquiera- ese lugar es, y será siempre, la propia familia. A ellos puedes volver en momento de necesidad, soledad, tristeza o abatimiento, pero también cuando estás contento, alegre o feliz.

No se puede describir con palabras todo lo que una familia significa. Una familia es una sobremesa de música y una improvisada sesión de chistes malos en la cocina. Una familia es un abrazo colectivo sin venir a cuento, un paseo por la playa una tarde de verano y una película un domingo después de comer. Es un gesto de cariño, un guiño de complicidad, una sonrisa sin razón alguna, y también una mirada severa y un rapapolvo en el momento oportuno.

Una familia es todo eso y mucho más. Ellos son, y serán siempre, el lugar al que regresar, mi pequeño rincón de paz y mi tesoro más valioso. Y a todo aquel que no lo entienda, invitado queda un día cualquiera. Porque no hay nada como la familia. Y la mía, de entre todas, es sin duda la mejor.      

viernes, 27 de mayo de 2011

¡Navega!

Cierra los ojos y siente el viento que acaricia tu rostro. Abre los brazos, alza la cabeza. Déjate llevar por su susurro y acurrúcate en su seno.

Y ahora, abre los ojos y mira hacía el horizonte: allí está tu meta, allí está tu vida; allí, oculto tras las blancas nubes... estas tú. Y si tú mismo no te encuentras, ¿quién lo hará por ti? 

¡Yo te llamo, corazón ardiente! ¡Adelante, ahora es tu momento! ¡Navega! Surca sin miedo el azul infinito, y no mires atrás. El mar es tu escenario; el viento, tu voz. Tu vivir es el camino y el triunfo, el final ineludible del teatro de tu existir. Porque ahora tú eres viento, eres mar. Porque ahora, amigo, al fin... eres libre.

jueves, 26 de mayo de 2011

La vida de Ryan

La vida de Ryan es una fantástica canción de Maranatá, un joven grupo de Pamplona (Navarra), que hace pocos meses ganó el primer premio en el Concurso Pop Rock Cantautores de la Universidad de Navarra.

Creo que la propia canción habla por sí sola, así que no voy a estropearlo. Con todos ustedes, en directo... ¡¡Maranatá!!

                              


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martes, 24 de mayo de 2011

Cambiando la forma de divertirse

Es ya un hábito generalizado entre los jóvenes, el igualar la presencia alcohol con el hecho directo de la diversión. En otras palabras: sin alcohol, no hay fiesta.

No he podido evitar fijarme en algo ciertamente curioso, y es que ya solo se habla de salir de fiesta cuando uno va a un local en el que hay alcohol en abundancia. Y puede parecer una tontería, pero es que si en el lugar del evento resulta no haber ni una gota de la tan deseada sustancia, el concepto salir muere, cae por su propio peso, y todo el mundo le llama quedar.

Insisto en que no es una tontería, sino algo bastante significativo. Parece mentira, pero es así: sin alcohol no hay fiesta. O al menos eso es lo que mantiene hoy día la gran mayoría de la gente joven. Hace unas pocas semanas, poco antes de que terminara el período de exámenes, tuve una reveladora conversación con un compañero del colegio mayor:

Le pregunté yo por sus planes de verano, y él, con un suspiro, me contestó:

          - Ni idea. Solo se que lo primero que voy a hacer cuando acabemos es emborracharme. 

Me quedé de piedra. Ahí lo tenéis. y aunque suene fatal y sea políticamente incorrecto, no puedo reprimirlo: eso se llama principio de alcoholismo.

Y lo peor es que cada vez hay más y más jóvenes de mi misma -o de muy cercana- edad que llegan borrachos a casa todos los fines de semana. Cada vez hay más, y cada vez empiezan a beber siendo más pequeños. Me sorprende que se hable con tanta preocupación e indignación de algo como el fracaso escolar, sin que nadie lo relacione con esto.

Sinceramente: no me extraña que nuestros mayores se escandalicen del modus vivendi de esta generación. Yo mismo estoy aterrado, además de preocupado.

Es fundamental que cambiemos este concepto de ocio, que transformemos la forma de entender la noche. Hay que destruir la fórmula que iguala diversión con alcohol, demostrar lo dañino de ese enunciado.

Y recordad... Possumus!!

domingo, 22 de mayo de 2011

Día de elecciones, día de decisiones

Esta mañana me he despertado más tenso -nervioso- que otras veces. Para aquellos que no intuyan la razón, la aclararé: hoy, 22 de mayo, es día de elecciones.

La propia palabra -elección- ya lo dice todo. Elegir supone decidir, y decidir, asumir riesgos. Y esto es precisamente lo que me mantenía en tensión esta mañana. Por que, la verdad sea dicha, no sabía a quien votar.

Soy consciente de lo que implica votar, así que he decido dar un repaso mental a los distintos partidos políticos que se presentaban, para tener una visión de conjunto y poder tomar una buena decisión. Y entonces, llegó la confirmación de lo que yo ya venía sospechando: que no coincido con ninguno. Y como estoy en absoluto desacuerdo con aquello de votar "al mal menor" -lo cuál, por cierto, es profundamente antidemocrático, pues implica votar solo al que puede ganar y no a aquel en el que de verdad creemos- mi dilema no hacía sino aumentar.

¿Qué hacer? ¿A quién votar? No es tan fácil elegir. Me preocupa saber que muchos de nuestros compatriotas toman esta decisión a la ligera, como queriéndosela quitar de encima. Creo que este es uno de los grandes problemas que padece España, que no es sino reflejo de algo mucho más profundo, que es el desinterés y la falta de compromiso de la sociedad actual, no solo por este tema, sino en general.

Eso si, que conste que al final me he decidido, aunque no diré por quien. Mañana, los resultados. A ver que tal.

sábado, 21 de mayo de 2011

Unidad de destino en lo universal

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, fue héroe castellano condenado al destierro por un delito que no había cometido. ¿Injusto, decís? Si, lo fue. Mas, ¿y su respuesta? ¿cuál su reacción? Yo os lo diré: el silencio. La obediencia. El perdón frente a la venganza. Fría calma en vez de iracundo odio. Dicen las crónicas que sus ojos de hielo jamás mostraron deseos de muerte, sino más bien compasión hacia el rey que le traicionó.

Su honor fue mancillado. Su causa, burlada. Tan solo la fuerza de su brazo y la sabiduría de su juicio lograron, tras años de dolor y sufrimiento, borrar aquella afrenta con que el mundo había decidido cargarle.

Rodrigo Díaz murió como un héroe; amado por sus hijos, aclamado por sus tropas y temido por sus enemigos y, aún hoy, siglos después, la historia le recuerda con orgullo y asombro y las hazañas que realizó en vida continúan transmitiéndose, de generación en generación.

Siempre he pensado que el mundo contemporáneo debería volver la vista atrás más a menudo, para poder contemplar el testimonio de vida que este y otros grandes de la historia de España y el mundo nos dejaron. Ojalá todos tuviéramos el valor necesario para aprender de ellos, de su fuerza, temple, fortaleza y astucia, que, junto con su generosidad, magnanimidad, buen juicio y humildad, lograron sacar a España de una situación de crisis profunda, no muy distinta -con un salto secular- de la que padecemos hoy. Estoy convencido de que muchos de los males que esta sociedad egoísta, egocéntrica y caprichosa en la que vivimos padece en la actualidad, hallarían así su remedio.

España necesita un líder, y lo necesita ya. España necesita de un Cid Campeador que alce su espada al cielo, dispuesto a dirigirnos a todos hacia un único destino, porque eso es lo que es España, una unidad de destino en lo universal.

viernes, 20 de mayo de 2011

Hogar, dulce hogar

Que bien sienta dormir de nuevo en la propia cama. Pensaba que extrañaría el colchón del colegio mayor, pero mi propio cuerpo me ha vilmente traicionado: he dormido como un lirón. De un tirón y sin soñar.

Después de un eterno viaje -con señora sexagenaria que no te deja en paz, incluida en mi billete- que se retrasó casi una hora (me bajaba del autobús a las 9 menos cuarto) me costó llegar a mi casa la friolera de 2 horas y media más. Agotador.

Aún y todo, la verdad es que me moría de ganas de ver a mi familia. Los reencuentros siempre son divertidos si están ellos de por medio. Lo malo de todo esto, es que mis breves vacaciones han terminado, y es el momento de ponerse a preparar los exámenes de Junio. No os podéis ni imaginar lo que me pesa esa palabra en la lengua... Creo que voy a postergar el estudio al menos un par de horas más... Voy a darme el gusto de disfrutar de mi casa.

Escribo estas líneas, tan poco inspiradas, mientras estoy cómodamente sentado en el porche de mi casa, con una combinación de sol y aire fresco que despierta a mis neuronas de su letargo. Falta me hace.

Esta hecho. He vuelto a casa. Ahora sí que si: ¡hogar, dulce hogar!

jueves, 19 de mayo de 2011

Life in J´s

El día de hoy se merece este homenaje al pasillo de las Jotas. A continuación, el Willy ganador a dos premios de la academia:  


J-1 Javier Guerrero
J-2 Álvaro Grábalos / Nahum Chávez
J-3 Jesús Paredes
J-4 Alfonso Aparicio
J-5 Fran Olmedo
J-6 Asier Ortega
J-7 Santi Costa
J-8 Emilio Balda
J-9 Carlos Gómez / Javier Olivares
J-10 Dani San Juan
J-13 Juantxo
J-15 Juanja
J-17 Jose Manuel Foronda

Hasta pronto, San Sebastián

Y llegó el amargo día de la marcha, de la vuelta a casa. Las maletas y cajas inundan los pasillos del Mayor. Algunos ya se han ido. Otros nos vamos hoy. Hay mucha gente de la que despedirse, muchos a los que desear un gran verano. Algunos volverán, otros no. Pero todos recibirán su abrazo de despedida.

Es el momento de despedirse de estos lugares tan queridos: la habitación, la del vecino, la ahora vacía sala de estudio, la sala de estar, el oratorio... Los hay que dan un breve paseo por el jardín, mientras otros miran de reojo el campo de futbito. Yo, paseo arriba y abajo por el pasillo de las J´s que me ha acogido durante todo el año. Definitivamente, lo voy a echar de menos.

El colegio mayor entero parece desbordar de recuerdos. Tertulias, partidos de fútbol, largas noche de estudio que ahora lucimos orgullosos cuál insignias al valor demostrado... Festivales, canciones, clases, cervezas en Munto y en el Molly.

Es definitivo. Ahora sí que si. Es la hora. Volvemos a casa. Esta noche cenaremos en el hogar, cada uno en el suyo. Pero en unos meses... compañeros, amigos... ¡volveremos a llenar el comedor!

Hasta pronto, San Sebastián... hasta pronto.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Verano nuevo, vida nueva

Extraña sensación esta de no tener que hacer nada. Por fin, se acabaron los exámenes. Otro curso que se va, al menos, hasta las convocatorias extraordinarias.

Los claros síntomas que delataban la pronta llegada del período estival -esas eternas conversaciones sobre todas las cosas que vas a hacer este verano, porque no te va a pasar como en los anteriores, que terminas sin hacer nada de lo que te habías propuesto, sino que esta vez va en serio, que ya has hecho una lista - que llevaban varias semanas acechando tu mente, siempre en los momentos más inoportunos (generalmente, cuando hay que estudiar) se transforman ahora en realidades.

Se acabó el curso universitario, y por fin llega el verano. Hace sol, buena temperatura, y ya no hay más mecánica, ni termodinámica, ni circuitos que estudiar. La playa de San Sebastián, a rebosar de sombrillas y de pelotas azules de Nivea. El día se perfila insuperable. Y yo, en la cama con anginas. A esto le llamo yo empezar con buen pie.

Mañana, más. Cambio y corto.