Cierra los ojos y siente el viento que acaricia tu rostro. Abre los brazos, alza la cabeza. Déjate llevar por su susurro y acurrúcate en su seno.
Y ahora, abre los ojos y mira hacía el horizonte: allí está tu meta, allí está tu vida; allí, oculto tras las blancas nubes... estas tú. Y si tú mismo no te encuentras, ¿quién lo hará por ti?
¡Yo te llamo, corazón ardiente! ¡Adelante, ahora es tu momento! ¡Navega! Surca sin miedo el azul infinito, y no mires atrás. El mar es tu escenario; el viento, tu voz. Tu vivir es el camino y el triunfo, el final ineludible del teatro de tu existir. Porque ahora tú eres viento, eres mar. Porque ahora, amigo, al fin... eres libre.
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