Que bien sienta dormir de nuevo en la propia cama. Pensaba que extrañaría el colchón del colegio mayor, pero mi propio cuerpo me ha vilmente traicionado: he dormido como un lirón. De un tirón y sin soñar.
Después de un eterno viaje -con señora sexagenaria que no te deja en paz, incluida en mi billete- que se retrasó casi una hora (me bajaba del autobús a las 9 menos cuarto) me costó llegar a mi casa la friolera de 2 horas y media más. Agotador.
Aún y todo, la verdad es que me moría de ganas de ver a mi familia. Los reencuentros siempre son divertidos si están ellos de por medio. Lo malo de todo esto, es que mis breves vacaciones han terminado, y es el momento de ponerse a preparar los exámenes de Junio. No os podéis ni imaginar lo que me pesa esa palabra en la lengua... Creo que voy a postergar el estudio al menos un par de horas más... Voy a darme el gusto de disfrutar de mi casa.
Escribo estas líneas, tan poco inspiradas, mientras estoy cómodamente sentado en el porche de mi casa, con una combinación de sol y aire fresco que despierta a mis neuronas de su letargo. Falta me hace.
Esta hecho. He vuelto a casa. Ahora sí que si: ¡hogar, dulce hogar!
Bien Fran!!!! Ahora a disfrutar de la familiy y de la terracita con solecito. Eso está bien, pero también a chapar eh?
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