Quisiera ser capaz de dedicarte el texto más bello jamás escrito. Quisiera poder plasmar lo que por mi cabeza fluye, lo que mi corazón siente, lo que mi boca habla y mis sentidos destilan. Mas resulta que mi pluma solo a estas pobres líneas alcanza.
Decían los Antiguos que la luna es el lecho de aquellos que se aman en la distancia, y ahora, cada vez que en la oscuridad de la noche alzo los ojos al cielo, siento que puedo ver tu reflejo en su brillar y, al pensar que pueden así nuestros ojos cruzarse, el corazón parece querer salírseme del pecho.
En la soledad de mi destierro, miro al cielo en busca de una respuesta; ¿será este, al fin, el día? Y cuando el sol de nuevo se oculta y la luna otra vez brilla, a ella acudo en busca de consuelo. Y es entonces cuando mi alma sonríe tranquila: ya llega, tranquilo, ya llega.
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